Sociedad

Colombia aprueba un plan para sacrificar hipopótamos que pertenecían a Pablo Escobar

BOGOTÁ.– ABC MUNDIAL Colombia informa que el gobierno de Gustavo Petro oficializó una de las decisiones más complejas en materia de biodiversidad en la historia reciente del país: autorizó el sacrificio de 80 hipopótamos, descendientes de los animales introducidos ilegalmente por Pablo Escobar en la década de 1980.

La medida forma parte de un protocolo de control poblacional que busca contener la expansión de esta especie invasora en la cuenca del río Magdalena. Según fuentes oficiales, sin esta intervención será imposible frenar el crecimiento exponencial de los ejemplares, conocidos popularmente como “hipopótamos de la cocaína”.

Desde el Ejecutivo sostienen que la situación constituye una emergencia ecológica, debido al impacto directo sobre la biodiversidad local, la pesca artesanal y el equilibrio de los ecosistemas acuáticos. “Sin acciones concretas, hacia 2030 podríamos tener alrededor de 500 hipopótamos en libertad, lo que agravaría aún más el problema”, advirtió una autoridad ambiental.

El origen de esta crisis se remonta a la Hacienda Nápoles, donde Escobar mantenía un zoológico privado. Tras su muerte en 1993, algunos ejemplares quedaron en libertad y, sin depredadores naturales, se reprodujeron rápidamente hasta superar los 160 individuos en la actualidad.

El plan del gobierno combina esterilización, traslado internacional y eutanasia selectiva, priorizando el sacrificio de aquellos animales que representen mayor riesgo o que no puedan ser reubicados.

No obstante, la decisión genera fuerte controversia en regiones como Puerto Triunfo y Doradal, donde los hipopótamos se han convertido en un atractivo turístico y una fuente de ingresos. El debate enfrenta a sectores ambientalistas, que reclaman medidas urgentes para proteger los ecosistemas, con comunidades locales que cuestionan el sacrificio de los animales.

La iniciativa marca un punto de inflexión en la gestión ambiental de Colombia, donde el legado de Escobar sigue teniendo consecuencias inesperadas, esta vez en forma de una especie invasora que desafía tanto a la ciencia como a la política pública.


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